Abogacía, innovación y el futuro de la profesión

Eva Bruch 17 marzo de 2017

Abogacía
El sector jurídico es conocido por su arraigado conservadurismo y aversión al cambio seguramente debidos a un fuerte proteccionismo al que aún hoy se aferran tanto la mayoría de despachos como las instituciones que los representan. Sin restar importancia a temas deontológicos y publicitarios, que tienen su espacio y razón de ser, su principal preocupación hoy debiera ser el futuro de la profesión y su adaptación a una nueva era tecnológica que va a dejar el sector totalmente irreconocible.

La idea romántica del abogado-consejero y asesor de confianza de toda la vida desaparecerá en lo que tarde el cliente en darse cuenta que las cosas pueden hacerse de manera distinta. Ikea mostró al mundo que los muebles están al alcance de todos sin que tengan que ser caros ni malos. Apple convirtió a cada uno de nosotros en pequeños periodistas fotográficos y Airbnb puso patas arriba la industria hotelera. Uber está aún por llegar a nuestro país y tarde o temprano lo hará, pero la “uberización” del sector jurídico prácticamente ya está aquí.

Innovación
Litigar dejará de ser una ciencia totalmente incierta cuando más despachos utilicen las herramientas ya existentes en el mercado de análisis estadístico y predicción de resultados basados en las sentencias emitidas por los jueces. La elección del abogado para interponer una demanda o la defensa en un pleito no se basará en su reputación, sino en sus propias estadísticas: éxitos, tiempos medios, honorarios y perfil agresivo/moderado. Según Guy Kurlandsky CEO de Premonition con quién he hablado en varias ocasiones, los despachos, de forma incomprensiva, son aún reticentes a utilizar este tipo de herramientas, que sin duda mejorarían su estrategia judicial, una oportunidad que no están dejando escapar los departamentos jurídicos de grandes empresas, principales clientes de Premonition, que ven como aumentan las probabilidades de conocer el resultado de un pleito y de seleccionar al abogado más adecuado para llevarlo.

La búsqueda de información jurídica para sustentar una demanda se hará mediante motores potenciados con tecnología de inteligencia artificial que serán capaces de sugerir escenarios y estrategias de acción o defensa en base a los hechos informados al sistema.

Quizás la contratación sea el aspecto que mayor transformación vaya a experimentar a través de los Smart Contracts y la tecnología blockchain, un auténtico cambio de paradigma que obligará a los abogados a codificar, en términos informáticos, los contratos que ahora redactan, sustituirá las funciones de verificación propias de algunas profesiones jurídicas y que afectará en primer lugar al sector financiero y asegurador.

Aproximadamente la mitad o más del asesoramiento jurídico que prestan los abogados puede automatizarse con algoritmos de inteligencia artificial y técnicas de aprendizaje automático y procesamiento del lenguaje natural. Puestos a disposición del cliente a través de la red, ya sea mediante sistemas abiertos o de pago, sustituirán una parte importante de los actuales servicios que prestan los abogados.

Tampoco la ejecución de asuntos jurídicos escapa a esta catarsis pues mediante la automatización robótica de procesos combinada con determinadas herramientas de inteligencia artificial, ni tan siquiera será necesario que sea un abogado quien esté detrás de los asuntos.

El futuro de la profesión
La sustitución del trabajo del abogado por la tecnología va a suceder. Está sucediendo. Sin duda habrá una reducción del número de abogados debido a un reajuste del mercado. Pero se abren otras áreas de trabajo y especialidad jurídica inexistentes hasta ahora, relacionadas con la ética y el uso de la tecnología en prácticamente todos los aspectos de nuestra vida.

El despacho de abogados del futuro no estará integrado únicamente por abogados ni serán estos los que tomen las decisiones de negocio.

El despacho de abogados del futuro en realidad no será ni un “despacho”, ni “de abogados”, será una empresa de servicios jurídicos en la que trabajen conjuntamente profesionales con formaciones técnicas dispares dentro de las cuales habrá siempre una base jurídica y otra ingeniero/informática. Junto a ellos, habrá la combinación adecuada de otros técnicos o profesionales que aportarán la especialidad o área de expertise en que la empresa quiera posicionarse al mercado.

Este es el futuro de la profesión del abogado, que no es malo, es simplemente, distinto.



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