El uso de las redes sociales en un despacho de abogados

Jordi Estalella del Pino 02 diciembre de 2015

La tecnología es un recurso que correctamente utilizado y gestionado contribuye a que los despachos mejoren su eficiencia. El software de gestión, incluso la paupérrima hoja de Excel tan extendida entre los despachos, o el mismo procesador de textos, automatizan y agilizan los procesos y permiten tratar una gran cantidad de datos con un tasa de error muy inferior a la de un ser humano.

Una de las tecnologías que las firmas de abogados están incorporando en su uso cotidiano (a veces de una forma más tecno que lógica) son las redes sociales. La introducción de esta herramienta suele obedecer al deseo de la firma, o de los abogados que la integran, de aumentar la visibilidad y aproximarse a su mercado. Despertar el interés de los clientes potenciales, y en menor medida fomentar las relaciones con los existentes, son las metas que, a grandes rasgos, se persigue con las redes sociales. Pero este medio de atracción ¿es verdaderamente rentable? ¿Qué tasas de retorno de la inversión puede esperar un despacho que utiliza las redes sociales?

Excepto las pocas plataformas de servicios jurídicos de cuna tecnológica, donde casi todos los procesos están automatizados, el principal activo de un despacho es el tiempo de sus profesionales. Luego el beneficio que las redes sociales aportan a la firma equivale al valor más alto de la alternativa que los abogados dejan de realizar por dedicar su tiempo a usar esta herramienta (este valor se conoce como coste de oportunidad).

Supongamos un abogado de un despacho pequeño o mediano cuya retribución bruta anual es de 50.000 euros. Supongamos igualmente que para alcanzar esta cifra necesita facturar unas 1.600 horas anuales (alrededor de 7 horas facturables al día durante 20 días laborables mensuales exceptuando un mes de vacaciones). Dadas estas variables y unos gastos generales de 80.000 euros al año, obtenemos un coste hora por ese profesional de 52 euros. Pero esta cantidad corresponde al coste de producción (el precio mínimo por debajo del cual el despacho pierde dinero si presta el servicio) al que tiene agregarse el margen o beneficio del servicio, digamos 48 euros por cada hora, lo que arroja un tarifa hora de 100 euros.

Imaginemos ahora que este abogado dedica 1 hora al día a Twitter y Linkedin (30 minutos por la mañana y 30 por la tarde), o lo que es lo mismo 5 horas a la semana, 20 al mes o 220 horas cada año. La inversión de este profesional en redes sociales en un solo año habrá sido de 22.000 euros (220 horas multiplicadas por los 100 euros de su tarifa hora).

Uno de los inconvenientes de las redes sociales es que no se percibe claramente su coste de oportunidad, la inversión de horas que se sacan de otras actividades. Esta distorsión suele producir un uso pródigo y desorganizado que dilapida recursos que destinados a otras tareas de gestión o marketing producirían un mayor rendimiento. El ejemplo anterior muestra que las redes sociales tienen un coste muy real, y que la visibilidad vacua, el estar en redes porque hay que estar sin una estrategia que oriente y cohesione las diversas acciones de comunicación, puede salir cara a un despacho.



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