El viaje de incentivo memorable

Rafael Isún 19 marzo de 2014

Érase una vez…

Así empiezan (o al menos empezaban) la mayoría de cuentos que nos contaban en la niñez. Aún hoy, esta frase es sinónimo de empezar un relato y nos predispone a adentrarnos en una historia que nos debe trasladar al mundo onírico de los cuentos. Y de eso trata este artículo, de unir una experiencia que debería ser fascinante, como son los viajes de incentivo, con la más pura tradición de los cuentos, a través de la creación del relato, metodología conocida también con su denominación anglosajona, Storytelling.

Los viajes de incentivo tienen ya una larga trayectoria en el tiempo. Desde los años 70 de forma incipiente, hasta hoy, son miles las empresas en todo el mundo que han utilizado esta herramienta como elemento motivacional o compensatorio, ya sea para sus redes de venta, colaboradores destacados, clientes preferenciales e incluso como promoción o lanzamiento de productos.

Por otro lado, cuando hablamos de storytelling de lo que estamos hablando a fin de cuentas es de la forma más antigua de transmisión de conocimiento o mensaje: el relato.

Asumido este principio, nos adentramos en un terreno no exento de peligros, por cuanto en el momento que jugamos la baza experiencial frente a la material como recompensa, las reacciones se enmarcan en un contexto emocional, con todo lo que ello conlleva, ya que las experiencias pueden ser muy positivas (objetivo) pero también negativas. Por supuesto, la principal misión del organizador técnico del viaje es asegurarse de que eso no ocurra y si el viaje sale bien, y según lo previsto, naturalmente eso per se ya puede considerarse un éxito.

Entonces, ¿para qué incorporar el relato? Muy sencillo: Para multiplicar las sensaciones, generando un recuerdo mucho más entroncado con los sentimientos positivos que ha propiciado el viaje y una prolongación en el tiempo de su impacto emocional.

Dicho de otro modo: Sentir = creer. Porque la misión troncal que debe de cumplir cualquier viaje de incentivo es la de generar lealtad a una marca a través de un recuerdo imborrable. Esencialmente, se trata de que los participantes en dicho viaje generen o refuercen su vínculo emocional con el promotor/empresa/marca, trascendiendo así la relación estrictamente profesional basada en el intercambio de servicios por una compensación económica, o la mejora de status en la empresa, o el reconocimiento de una actuación extraordinaria en un ejercicio determinado. Por lo tanto, hablamos de generar/reforzar believers o apóstoles, de la marca organizadora.

Por ejemplo, imaginemos que el promotor (marca) desea premiar a los mejores vendedores de la red que han alcanzado los objetivos previstos (reto) en cuanto a ventas y por tanto, se han hecho merecedores del viaje (recompensa) pero al mismo tiempo se quiere remarcar desde la empresa, no sólo lo ardua que ha sido dicha consecución de objetivos (reconocimiento), sino además lo necesario de seguir con el máximo nivel de exigencia en el próximo ejercicio, dada la difícil situación actual, o la dureza del mercado, o la profusión de competidores, o la aparición de sustitutos a nuestros productos… en fin, de trasmitir un mensaje del tipo lo has logrado, pero no te relajes o el año que viene estarás fuera de los elegidos para la gloria (motivación). O lo que es lo mismo, reto permanente, donde el foco se pone tanto o más en el proceso de búsqueda continua de excelencia, que en la consecución de metas en sí mismo.

Llegados a este punto, debemos recordar que el relato o storytelling queda siempre subordinado a la misión del viaje y nunca a la inversa.

A partir de ahí, y al margen de las cuestiones puramente logísticas y de la planificación técnica del viaje, cruciales por otra parte, el planteamiento del relato sigue la estructura básica de una obra dramática: Planteamiento, nudo y desenlace.

¿La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?

El desarrollo de un relato sólido y atrayente que genere lo que los anglosajones definen como sticky content (contenido pegajoso) es decir que enganche, tiene evidentemente mucho que ver con la literatura y más específicamente con las novelas....

Con esto quiero decir que al margen de todo el trabajo de documentación sobre destinos, lugares, fechas, anécdotas, historia, etc. que por supuesto, debe de ser lo más exhaustivo y riguroso posible según lo ya comentado, un punto de creatividad y fantasía nunca viene mal.

Dicho de otro modo, que la historia sea creíble no necesariamente implica que sea veraz!

Lo verdaderamente importante es que según el marco del relato, la historia pudiera ser no sólo auténtica, sino lo que es más importante fascinante y seductora. Y éste es exactamente el efecto que debemos buscar cuando diseñemos nuestro relato.

Como resumen de todo lo expuesto, los diez (más uno) puntos más importantes a tener en cuenta a la hora de planificar adecuadamente un viaje de incentivo con alma son:

1- Perfecta comprensión de los objetivos del patrocinador

2- Mucha investigación. Del destino y de los viajeros

3- Coherencia y consistencia en todo momento con el objetivo deseado

4- Originalidad y frescura

5- Exclusividad

6- Mantenimiento del relato como guía espiritual en todo momento

7- Textos cuidadísimos. Casi literarios.

8- Materiales de calidad en todos los desarrollos

9- Política de post-viaje

10- Incorporación de recursos tecnológicos y TIC’S

11- Y un precio justo

Y .....colorín colorado, este cuento se ha acabado!

@rafaelisun



El perito judicial frente al marketing

La Justicia es un microcosmos con unas reglas rígidas que no siempre han permitido …

Leer post anterior
image

Ponencias de la II Jornada de Abogacía Virtual

El pasado 21 de febrero tuvo lugar la segunda Jornada de Abogacía Virtual organizada por …

Leer post siguiente
image

Categorías