DRESS CODE Y ABOGACÍA, ¿HABLAMOS DE DIVORCIO?

Beth Bores 05 agosto de 2019

DRESS CODE Y ABOGACÍA, ¿HABLAMOS DE DIVORCIO?

“Las corbatas y los tacones desaparecen de las firmas de abogados” se anuncia con cierto estupor como sin con ello viniera un cambio de era. Excepto en Inglaterra, en donde en 2016 se abrió un profundo debate sobre los códigos de vestimenta en el ámbito jurídico ante el caso de una mujer, Nicola Thorp, que fue enviada a su casa por negarse a usar tacones en el Bufete de Abogados londinense en el que trabajaba. Puedes leer el artículo aquí: Woman sent home from work for refusing to wear high heels. Sorprende, cuando menos, porque los países sajones son los pioneros en la revolución de los códigos de vestimenta en el ámbito profesional, incluyendo el legal.

Esta semana, mi google alerts ha traído a mi escritorio un artículo titulado "Los bufetes eliminan la corbata de su dress code" publicado en cincodias.elpais.com y firmado por la periodista Irene Cortés. Como asesora de imagen, me ilusiona que los periodistas pongan estos temas sobre la mesa porque creo que los temas de actualidad son el reflejo de lo que se cuece en la sociedad, o en este caso, en la realidad de los despachos de abogados. Y que los despachos profesionales y los bufetes de abogados se planteen cómo proyectar de manera más efectiva una imagen que conecte mejor con la sociedad a la que sirven me parece muy interesante.

Y es que, desde la Antigüedad hasta la edad moderna, el hombre ha sentido la necesidad de afirmarse como individuo, por un lado, y de identificarse como parte de un grupo, por otro. Y lo ha hecho esencialmente a través de sus ropajes y accesorios. Colores, formas, tejidos, ornamentos y joyas sirven para denotar quién es cada persona, su linaje, su estirpe, su estatus, su posición jerárquica y social. No es, pues, un tema baladí sino más bien de capital importancia. La imagen personal provee de mucha y fundamental información relativa a una persona, una época y una sociedad. Y del “qué me pongo” para lanzar al mundo todos estos mensajes, se encargan los códigos de vestimenta. Por lo tanto, me atrevo a decir que éstos no desaparecerán nunca. Evolucionarán, porque así lo han hecho a lo largo de la historia con los cambios sociales. Pero, precisamente porque existen por y para la sociedad, no desaparecerán nunca. La vestimenta es, o debería ser, el reflejo de la persona que la porta.

Este interesante artículo, se centra en la inquietud de los despachos de abogados por actualizar su imagen, y la de sus profesionales, para adecuarla a las nuevas tendencias de la sociedad, más relajada y casual y menos presta a las estructuras rígidas.

Personalmente, aplaudo esta iniciativa. En primer lugar, porque la sociedad a la que están llamada a servir está cambiando y evolucionando en todos los ámbitos. En segundo lugar, porque los nuevos talentos que salen de las universidades son fruto de esta sociedad cambiante. Pero mi recomendación, más que cambiar los dress code para darle al despacho una “capa de chapa y pintura”, sería hacer un trabajo desde dentro. El dress code de los abogados no debe ser más que el reflejo de la cultura del despacho o de la firma. Y no basta con permitir, o incluso aconsejar, usar chinos y camisetas si los sénior de la firma no van a hacer uso de este código de vestimenta o si se desaconseja su uso en determinadas circunstancias, como la reunión con clientes o la comparecencia ante los Tribunales, con el fin de ofrecer una imagen profesional y seria. De hacerlo así, el mensaje que están lanzando es “puedes vestir de NO ABOGADO DE LA FIRMA mientras estás haciendo trabajo de escritorio, pero no cuando salgas por la puerta del despacho”. Establecer unos códigos de vestimenta y, a su vez, excepciones a su uso en ocasiones en las que el abogado se encuentra regularmente, desvirtúa el espíritu de la medida. ¿Significa eso que el abogado “debe” parecer parte del despacho sólo en algunas ocasiones, sólo a tiempo parcial?

De ser así, en primer lugar, será difícil conseguir que los abogados que integran el bufete sientan el proyecto como propio. Y, sin embargo, ese es requisito fundamental para que el empleado sea el mejor embajador de marca para obtener el compromiso con el despacho. En segundo lugar, la productividad se verá seriamente afectada porque los días en que el abogado haya escogido un dress code casual evitará, por todos los medios, reunirse con un cliente o con un prospecto, por lo que, o bien el cliente se quedará sin atender o bien el proyecto quedará sin cerrar por no haber querido el abogado reunirse con ese potencial cliente simplemente porque ese día no vestía el dress code requerido por el despacho.

En mi opinión, más que “informalizar” el código de vestimenta para adecuarse a las tendencias de la sociedad, las firmas de abogados deberían trabajar primero en su propia imagen corporativa. Hacer un análisis de la “personalidad” del despacho. Personificar, visualizar al bufete como si se tratara de una persona: cómo se viste, cómo habla, como anda, cómo se comporta, con quién se relaciona, a qué se dedica, qué valores le definen, cuál es el ámbito de su negocio, quiénes son sus clientes, cómo se comunica con ellos, cómo es el edificio en el que tiene la sede, de qué color son sus paredes, cómo están dispuestos los despachos, qué tipo de mobiliario usa, qué elementos de decoración definen el despacho, qué olor se elige para la ambientación de las estancias… hay una larga lista de elementos que definen de qué tipo de “persona-bufete” se trata. Sólo a través de un análisis profundo se descubre “la personalidad” de ese despacho, y a partir de ella, se puede establecer un estilo personal que sea expresión de esa personalidad. Ese es el ejercicio para poder establecer un código de vestimenta para las personas que integran ese despacho. Porque todos los eslabones de la cadena deberían hablar del mismo mensaje y en el mismo idioma, ser armónicos para que no haya ninguna disonancia entre lo que se dice, lo que se ve, lo que se ofrece y lo que obtiene el cliente. No es tan importante que el abogado lleve o no corbata, sino que la imagen del abogado hable de calidad, de cuidado por el detalle, de control y seguridad, de dominio de la materia y la situación. Y la corbata, por ella misma, no tiene el poder de proyectar todos estos atributos.

La imagen es un cúmulo de elementos que proyectan un mensaje. Y ese mensaje está integrado por la ropa y los accesorios, pero también por el estado de conservación de esa ropa, por los colores que se usan, por el estilo y corte de las prendas de vestir, por el estilo de peinado, por la postura y el caminar, la manera de hablar y de interactuar con los demás, las distancias usadas, las palabras escogidas, el tono, la velocidad y el ritmo con que estas palabras se entregan. Cuidar la imagen personal es mucho más que definir un dress code de elementos apropiados y elementos a evitar. Definitivamente, hay algunas prendas que deberían ser evitadas siempre en el ámbito profesional, sea cual sea el código de vestimenta. Así, las telas demasiado brillantes (tanto en hombre como en mujer), las prendas demasiado ajustadas al cuerpo, los escotes pronunciados (en hombre y en mujer), las faldas y vestidos demasiado cortos, las camisas de manga corta debajo de la americana en los hombres, los mocasines combinados con traje y corbata, el exceso de accesorios o el uso de accesorios inapropiados (por tamaño, textura o número). Pero también es muy importante llenar de contenido el código de vestimenta escogido. No basta con una declaración de intenciones proponiendo un código de vestimenta Smart casual, dejando su definición al arbitrio del “sentido común y el buen gusto”. Recuerden, el sentido común es el menos común de los sentidos. Y no conviene dejar al arbitrio personal lo que es apropiado y lo que no lo es, lo que es formal, semiformal o casual. Sobre todo, porque lo que está en juego es la marca y la imagen del despacho, representado siempre por las personas que lo forman.

En conclusión, podríamos decir que no hay divorcio entre dress code y abogacía, simplemente porque la imagen personal siempre será expresión de la persona que hay detrás, elija ésta usar o no usar corbata.

Beth Bores
Imagen Personal & Corporativa, colaboradora de +MTLaw



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