A veces parece que la tecnología avanza sin preguntar. Las empresas que antes te daban herramientas para trabajar ahora te las imponen. Y si no te gusta, te acostumbras. ¿O no?
En los despachos, la historia es la misma. Llega la inteligencia artificial, lo llaman “compañero”, te lo venden como progreso. Pero, ¿progreso para quién? ¿Para el que decide o para el que usa?
No es solo un tema de trabajo. Es de confianza. Cuando un cliente recibe un correo, quiere leer a la persona, no a un robot. Cuando firmas un documento, quieres saber quién está detrás. Cuando buscas consejo, buscas voz humana.
Dicen que la inteligencia artificial ahorra tiempo. Que hace la vida más fácil. Pero a veces la vida no necesita atajos. Necesita pausa y criterio. Necesita un poco de desorden, una duda, una aclaración. Eso que las máquinas no entienden.
Esto ocurre, por ejemplo, cuando necesitas redactar un contrato de arrendamiento. Es fácil abrir ChatGPT y obtener un texto bastante decente. Pero ahí es cuando la duda debe resonar en tu cabeza: ¿está actualizado con los últimos cambios legales? ¿Los importes son correctos? ¿Falta alguna cláusula importante? ¿Tiene en cuenta todas las variables y mis intereses? Esa confianza que puedes depositar en tu abogado, en tu despacho, en quien conoce el contexto y se responsabiliza de lo que firma, aún no la puedes tener en un software (si tienes dos dedos de frente).
Mirad, mirad:
En MoreThanLaw+ pensamos que la diferencia la marca el criterio. El humano que decide cuándo usar la tecnología y cuándo no. El abogado que entiende que la innovación no es meter máquinas en cada rincón, sino saber cuándo usarlas y cuando apartarlas.
Y si no es así, mírate esta entrevista a Ramón López de Mántaras, quizás te da otra visión del tema:
La confianza no se automatiza. La reputación no se programa. La voz propia no se imita. Y por mucho que insistan, hay cosas que solo las personas pueden hacer.
¿Te has parado a pensar qué quieres conservar mientras todo cambia? Nosotros sí. Y no pensamos renunciar a ello.