Burnout

Ferrán García de Palau 02 julio de 2019

Abogad@: si juegas con fuego puedes acabar quemando tu salud

La abogacía es una profesión que impone un ritmo frenético, bajo fuertes presiones: grandes volúmenes de trabajo, jornadas maratonianas, los plazos perentorios, la dura competencia, el contacto con el conflicto humano, el peligro de cometer errores, el trabajo en modo multitarea, la necesidad de actualizarse permanentemente y la compleja conciliación laboral y familiar son algunos de los estresores que afectan a los profesionales de la abogacía.

La preocupación por el bienestar y las condiciones de trabajo de los profesionales del Derecho y una mayor conciencia para tomar cartas en el asunto es una realidad palpable. Un buen ejemplo de ello ha sido la presentación del “I Estudio sobre la salud y el bienestar de la abogacía española” que tuvo lugar el pasado mes de mayo en el XII Congreso Nacional de la Abogacía celebrado en Valladolid, iniciativa pionera en España fruto de la colaboración de Lefebvre y el Instituto de Salud Mental de la Abogacía, en la que fueron encuestados 672 profesionales y cuyos resultados invitan a una profunda reflexión:

● el 82% de las personas encuestadas estarían dispuestas, de algún modo u otro, a renunciar a parte de su sueldo para poder conciliar su vida personal y familiar con la laboral;
● el 73,4% de las personas encuestadas tienen jornadas laborales semanales de duración superior a las 40 horas, acumulándose la mayoría de ellas en el marco de entre las 40 y las 60 horas (60,6%), y un 12,8% con jornadas superiores a las 60 horas semanales;
● el 81% de las personas encuestadas duermen 7 o menos horas y el 98,2% consideran que la calidad del sueño se ve afectada, de algún modo, por el trabajo;
● el 98’8% de las personas encuestadas consideran que el estrés es un riesgo elevado (15,3%) o muy elevado (83,5%);
● el 29,8% de las personas encuestadas descartan categóricamente la posibilidad de volver a ejercer la abogacía, si tuviesen la oportunidad de hacerlo.

Resulta evidente, pues, que el ecosistema que habitan los profesionales de la abogacía es de gran hostilidad en términos de bienestar y de salud mental. En otras palabras, ejercer la abogacía implica convivir con numerosos estresores que pueden conducir al “burnout” o “síndrome del quemado”, un tipo de estrés grave y crónico que el pasado 25 de mayo fue incluído por la asamblea de la Organización Mundial de la Salud en la guía de enfermedades del ámbito laboral.

¿Cómo se caracteriza el burnout?

El denominado burnout es un síndrome que aparece cuando el estrés en el lugar de trabajo se cronifica y no puede manejarse adecuadamente, es decir, cuando exigimos tanto a nuestro cuerpo y a nuestra mente que se sobresaturan y enferman. Este síndrome se distingue por tres rasgos característicos:

1) El agotamiento físico y emocional suele aparecer desde un primer momento y se refleja en una progresiva pérdida de energía y entusiasmo, acompañado de la sensación de que no se dispone de recursos para desarrollar el cometido con una mínima eficacia. Por tales motivos aparecen con frecuencia sentimientos de frustración, impotencia o tensión. Esto se puede detectar en personas permanentemente insatisfechas, quejosas e irritables para los cuales su trabajo se va convirtiendo lentamente en una carga con connotaciones negativas. Estos cambios emocionales también se pueden extender del ámbito laboral al personal.

2) La despersonalización o deshumanización se manifiesta en el trato de los compañeros y clientes como objetos debido al aumento de la distancia mental del trabajo. Aparece una insensibilidad emocional y un negativismo generalizado, con una actitud de cinismo y una crítica exacerbada de todo su ambiente y de todos los demás, como un mecanismo de respuesta a los sentimientos de impotencia, indefensión y desesperanza personal.

3) La disminución de la realización personal en el trabajo que se ejemplifica con la devaluación de uno mismo, una sensación de infelicidad, de profunda insatisfacción con el desarrollo profesional, declinando el sentimiento de competencia y de éxito en su trabajo. Asimismo, se produce un abandono de las actividades ajenas al trabajo y un aislamiento personal, perdiendo gradualmente el contacto con familiares y amigos.

¿Cuáles son los síntomas del burnout?

A nivel físico, los dolores de cabeza se presentan de forma recurrente, se enferma más a menudo a causa de la bajada de defensas, agotamiento, alteraciones gastrointestinales, taquicardias, dolor en el pecho o problemas de sueño.

En el plano psicológico, aparece una creciente sensación de rabia, frustración e irritabilidad, sentimientos de desesperanza, pesimismo y una pérdida de interés por actividades de las que antes se disfrutaba.

En cuanto al comportamiento, la productividad desciende claramente, hay absentismo laboral, una actitud de aislamiento, sumado al consumo de alcohol y/o drogas.

¿Qué factores pueden causar el burnout?

El burnout se produce por la combinación de diversos factores relacionados con aspectos organizativos de la empresa así como con otros ligados al grado de tolerancia al estrés y a la frustración de cada persona.

Entre los factores organizacionales, destaca la carga excesiva de trabajo, la falta de autonomía y la burocratización sin apoyo específico, que resta tiempo de dedicación a las tareas profesionales. Por otro lado, la falta de tiempo para preparar el trabajo hace que, a menudo, los empleados no salgan a su hora y tengan que llevarse trabajo a casa. Asimismo, la falta de sustituciones en caso de bajas genera un aumento de los niveles de estrés que puede conducir al burnout.

Existen otros factores de tipo interpersonal, directamente relacionados con las expectativas de logro o de prestigio social para ser reconocido como un profesional competente, que muchas veces no se ajustan a la realidad, lo que puede motivar un desajuste y la necesidad de adaptarse a ello. Cuantas más expectativas se hayan creado y más altas sean, más riesgo habrá de sufrir burnout.

Asimismo, se pueden apreciar factores de tipo individual, como los rasgos de conformismo, inseguridad o dependencia que presentan las personas más proclives a sufrir depresión, ansiedad y burnout.

¿En qué se diferencia el burnout del estrés?

Una exposición prolongada en el tiempo a altos niveles de estrés puede derivar en un estrés crónico y acabar provocando burnout, de lo que se deduce que existe un claro nexo de unión entre ambos tipos de malestar. De todos modos, conviene distinguir sus rasgos más característicos para saber reconocerlos.

De entrada, el estrés surge tanto por cuestiones relacionadas con la vida cotidiana como por el trabajo mientras que el burnout es una forma de estrés crónico ceñida exclusivamente al ámbito laboral.

Por otro lado, el estrés vivido en exposiciones moderadas puede llegar a ser un estímulo que active el organismo ante una tarea o un reto - lo que se conoce como estrés positivo o eustrés- mientras que el burnout siempre tiene efectos nocivos.

A su vez, el agotamiento provocado por el estrés se puede reponer con descanso. En cambio, en el caso del burnout ni siquiera unas vacaciones permiten restablecer el equilibrio físico y emocional.

Además, el estrés conlleva una sobreimplicación en los problemas y una hiperactividad emocional que le conduce al agotamiento o falta de energía física (daño fisiológico) mientras que el afectado por el burnout presenta una falta de implicación en el trabajo, una especie de embotamiento emocional y su agotamiento se presenta a nivel de motivación y energía psíquica (daño emocional).

Finalmente, a diferencia del estrés, para que se dé el burnout es preciso que el trabajador haya tenido una motivación previa, haber tenido ciertas expectativas que luego se hayan derrumbado.

¿Cómo se puede afrontar el burnout?

Algunas de las estrategias que pueden ayudar a afrontar de forma adaptativa el burnout son:
● Reconocer que existe un problema y acudir a un especialista de la salud para evaluar la situación.
● Listar y describir las tareas laborales facilita la asignación de un tiempo realista a cada una de ellas.
● Fijarse más en el proceso del trabajo que en los resultados puesto que éstos no van a ser siempre exitosos.
● Fragmentar los grandes proyectos en objetivos más asequibles y premiarse por los logros intermedios.
● Aprender a decir que “no” y a delegar de forma asertiva.
● Comentar con el superior las preocupaciones específicas a fin de considerar las expectativas y alcanzar compromisos o soluciones.
● Tomarse un tiempo para descansar y reponer fuerzas al finalizar una actividad o proyecto que ha exigido un gran gasto de energía.
● Realizar breves pausas durante la jornada de trabajo, para regular la sobrecarga de tensión física y mental.
● Establecer fronteras definidas entre el horario de trabajo y el de la vida personal para mantener una conciliación laboral equilibrada y no llevarse el trabajo a casa.
● Realizar alguna actividad física de forma regular, adaptada a la condición de cada uno.
● Practicar mindfulness o yoga para disminuir la reactividad del sistema nervioso y la rumiación mental propia de los estados depresivos.
● Compartir las preocupaciones con la familia y los amigos. El solo hecho de comunicarlo ayuda a aliviar el sufrimiento y permite disponer de otra perspectiva.
● Considerar cambiar de empleo a veces resulta muy difícil de plantear, pero no debe quedar excluido.

Fernando García de Palau
Responsable área mindfulness +MoreThanLaw
Socio de Psicotools



En el mismo equipo

Artículo mensual de opinión que escribe nuestra socia Paula Fernández-Ochoa publicado en El…

Leer post anterior
image

Más allá de la competición

Artículo mensual de opinión que escribe nuestra socia Paula Fernández-Ochoa publicado en El…

Leer post siguiente
image